viernes, 21 de febrero de 2014

Capitulo 17 "El Diablo Más Bueno Que Pude Conocer"



Abrí mis ojos por el ruido del tren. Hace bastante que no me despertaba con este sonido. Parpadee seguido para despertarme mejor. Con pereza me senté en la cama. Mire a mi alrededor y no había nadie allí. Pensé que cuando despertara lo que primero que iba a ver sería a él. Un exquisito olor a huevos y mantequilla lleno mi estomago. Sin pensarlo me puse rápidamentede pie para salir de la habitación. Abrí con fuerza la puerta, para divisarlo del otro lado de la cocina haciendo, lo que se supone debe ser, el desayuno. Esta aquí. Levantó la cabeza y me miró. Sonreí abiertamente y corrí hasta él. Me tire a sus brazos para abrazarlo con fuerza. Coloque mis brazos alrededor de su cuello y lo acerque más a mí.

- Hola – le dije sin soltarlo.

Creo que totalmente anonadado por mi reacción de abrazarlo, se encontró devolviéndome el gesto. Sentí sus fuertes brazos rodearme por la cintura. Mi corazón latía fuerte. Rápido. Cerré los ojos y me encontré acariciando su nuca con una de mis manos.

- Oh, te extrañe tanto – susurre en su oído.

Dulcemente besó uno de mis hombros. Me aleje de él despacio, me sentía un poco idiota por esto, pero no podía ser de otra forma. De verdad lo había extrañado. Me sentía tan mal sin él.

- Jamás nadie me había extrañado – me dijo. Sonreí levemente.

- No lo creo. Para mi que tus hermanos si te deben de extrañar cuando no estas con ellos – le dijo. Asintió divertido.

- Hice el desayuno.

- Me di cuenta – dije y me senté a la mesa.

Colocó frente a mí, los huevos y el pan con mantequilla. Giro para agarrar algo y ponerlo frente a mí. Café. Lo mire y sonreí levemente. Se sentó y empezamos a comer. ¿Cómo habrá hecho para curar las heridas que tenía ayer?

- ¿Vas a decirme la razón de porque te fuiste? – le pregunte. Me miró.

- Necesitaba un poco de mi casa, me estaba volviendo loco aquí.

- ¿No te gusta estar aquí?

- No tiene nada que ver contigo, preciosa. Sabes que me encanta estar contigo. Pero necesitaba mi casa, mi lugar.

- Entiendo – le dije. Volvió a comer.

- ¿Cómo te fue con David? – me preguntó. Lo mire.

- Tengo que llamarlo – le dije.

- ¿Por qué?

- Ayer tuvo que irse porque internaron a su hermanita y estaba muy mal. Tengo que preguntarle como esta.

- Su hermana murió – me dijo. Baje la mirada.

- ¿Cómo lo sabes?

- Hable con Rachel. La vida de esa niña no sería buena si seguía viviendo.

- Creo que tendré que llamarlo – le dije.

- Lo se. Hazlo – me dijo.

Me puse de pie y fui en busca del teléfono. Marque el número de David, pero nadie me contestó. Marque el número de su casa, y allí tampoco. ¡Oh, Dios! Debe estar destrozado. Volví a la cocina y él seguía sentado.

- ¿Qué pasó? – me preguntó.

- Nadie contesta – dije.

- Tal vez no este en su casa.

- Así parece.

Se puso de pie y ordenamos todo. Salimos de la cocina y se sentó en el sillón. Lo mire fijo, él también lo hizo.

- Yo también te extrañe preciosa, no sabes cuanto – me dijo. Sonreí dulcemente.

- ¿De verdad?

- Nunca dije tanta verdad junta.

Mordí levemente mi labio inferior y mire a mí alrededor. Es de día. Quiero que sea de noche. Lo volví a mirar.

- ¿Qué sucede? – me preguntó.

- ¿Aun tienes el poder de alterar las horas? – le pregunte. Me miró bien.

- Creo que si – dijo. Sonreí.

- Haz que sea de noche, por favor – le pedí. Frunzo el ceño y se puso de pie.

- ¿Por qué?

- Solo hazlo – dije. Se acercó a mí y me miró fijo.

- Cierra los ojos – me dijo. Asentí levemente y lo hice.

Sentí un pequeño mareo y pronto todo volvió a estar quieto. Aun no abría mis ojos, no iba a hacerlo hasta que él me lo dijera.

- Ahora puedes abrirlos – dijo.

Los abrí y todo estaba oscuro a nuestro alrededor. Era de noche. Sonreí levemente y tome una de sus manos.

- Vamos – le dije. Me miró extrañado.

- ¿A dónde? – me preguntó.

- A despertar lo bueno dentro de ti.

Más que extrañado asintió y salimos de casa. Era una linda noche. Un poco fresca, el cielo negro estaba siendo cubierto por nubes. ¿Estará Dios descubriendo lo que tengo pensado hacer, y por eso se está enojando? No lo se, y no me importa. Lo único que quiero es mirarlo a él. Llegamos al viejo parque que estaba a pocas cuadras de mi casa. Sin soltarnos de la mano caminamos hasta allí. Divertida corrí hasta una de las viejas hamacas y me senté.

- Quiero sentarme contigo – me dijo.

Asentí y me puse de pie. Se sentó en la hamaca. Lo mire fijo a los ojos, me acerque a él y me senté sobre sus piernas, colocando alrededor de su cintura las mías. Comenzó a mecerse. Coloque una de mis manos sobre sus cabellos y lo acaricie suavemente.

- ¿Qué quieres por tu alma? – me preguntó. Baje mi mano por su oreja, y la acaricie.

- Aun no lo se – le dije.

- ¿Cuándo lo sabrás?
- Tal vez, mañana. Pero ahora no hablemos de eso. Solo déjame mirarte y tocarte. ¿Nunca has soñado con no ser el Diablo? – le pregunte.

- No, nunca. Siempre acepte esto que soy y no me quejo – dijo.

- Quiero hacerte un regalo – le dije.

- ¿Qué cosa? – me preguntó. Sonreí levemente.

- Algo dulce, algo raro.

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Hola chicas, a qui esta el capi espero que les guste. ¿que sera? comenten please :D

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domingo, 16 de febrero de 2014

Capitulo 16 "El Diablo Más Bueno Que Pude Conocer"



Se quedó callado, mirándome fijamente. Su respiración era pesada, se podía oír perfectamente. Volví a mirar las heridas de su cuerpo, parecían algo así como arañazos, mordisco y golpes. Volví mi mirada a sus ojos.

- Debo irme – me dijo de repente.

- ¿Vendrás mañana? – le pregunte.

- Sí – me contestó.

- ¿Me lo prometes? – le dije. Me miró fijo, serio.

- Yo no prometo nada, solo cumplo lo que digo.

- Austin– lo llame.

- ¿Qué?

- Te extraño – susurre levemente.

Levante mi mano y la apoye sobre el frió espejo que estaba frente a mí. Apoye mi mano justo frente a su pecho, pero sabía que no podía tocarlo, que no lo estaba haciendo.

- Hasta mañana, preciosa – me dijo.

- Hasta mañana – dije y desapareció.

Alguien tocó la puerta del baño. Recordé donde estaba y con quien. Me acomode un poco y decidí salir. Era uno de los mozos. Me miró bien y yo a él.

- ¿Sucede algo? – le pregunte.

- No, nada señorita. Solo que el señor que venia con usted me pidió que le dijera que lo perdonara, pero se tenía que ir – me dijo. Fruncí el ceño.

- ¿Qué? – dije.

- Si, me dejó esta nota para usted – dijo y me entregó un papel.

Tome el papel y el mozo se fue. ¿Por qué se habrá ido así? ¿Habré tardado mucho? Sin seguir dando vueltas abrí el papel.

Siento haberme ido así, ______. Pero llamó mi madre, mi hermana Clara esta muy mal, la internaron de urgencia. Luego te llamo para contarte todo con detalles. Lo siento de verdad. No quería que esto quedara así. Sabes que te quiero mucho y que me encanta estar contigo. Hablamos otro día, bonita.
Con cariño. David

¡Oh, dios! Espero que Austin no tenga nada que ver con esto. Porque si eso llega a ser así, y a la hermana de David le sucede algo, el señor Diablo va a conocerme. Tome mi abrigo y salí de aquel restaurante. Lo mejor era volver a casa. Todo había sido un desastre. ¿En que problema me metí, dios mío? Debí escuchar a mi amiga cuando me dijo que no subestimara a lo que no conocía. Debí retractarme de mis palabras. Pero si no lo hubiese dicho, tal vez jamás hubiese conocido a Austin. Una fría brisa subió por mi espalda, mientras caminaba por la calle. Mi piel se erizó por completo. No era un frío normal. Era un frió extraño. Nunca había sentido algo así.

- Tranquila, no te asustes – me dijo. Mi corazón casi se salió de lugar cuando una mujer se paró frente a mí – Lo siento, no quise asustarme.

La mire bien. Era una mujer alta de cabellos negros y ojos aceitunados. Su piel era blanca como la nieve. Comencé a temblar levemente. Era un frío horrible. Jamás había sentido uno así. Recordé las palabras de Austin. Rachel es inofensiva cuando no esta en horas de trabajo, y no es siniestra y esas cosas. Te sorprendería lo linda que es. Lo único es que hace un poco más de frió cuando ella esta.

- ¿Rachel? – le dije por lo bajo.

- Se nota que Austin te ha hablado de mí – me dijo sonriente.

La mire sin poder creerlo. Tengo a la muerte frente a mí. Esto no era posible. Retrocedí unos pasos. Ella rió por lo bajo.

- Tranquila, ______. No voy a hacerte daño. No estoy en horas de trabajo, y además a ti te falta todavía – dijo.

- ¿Qué… que haces aquí? – le pregunte luego de unos segundos.

- ¿Por qué mejor no vamos a tu casa o ha otro lado? No creo que quieras que te vean hablando con la nada en medio de la calle – me dijo.

- ¿Con la nada? – pregunte.

- Yo tengo el poder de hacer que solo la persona que yo quiera me vea. Y en este caso tú eres la única que lo esta haciendo – dijo.

Asentí levemente y comenzamos a caminar. El molesto frío aun no se había ido de mí. La mire de costado. Austin tenía razón. Ella no es siniestra y nada de esas cosas. Es más, es muy bella. Y si la miras bien es algo parecida a Austin. Llegamos a mi departamento, entramos. Le pregunte si quería algo de tomar, me dijo que no. Nos sentamos a la mesa. Ella frente a mí.

- ¿Qué pasó? – le pregunte luego de unos segundos de silencio. Ella acomodo su garganta y miró a su alrededor.

- Si mi hermano se llega a enterar que vine a verte, se enojara mucho conmigo y será capaz de no hablarme por un millón de años – me dijo. Reí por lo bajo.

- Tranquila, yo no le diré nada – le dije.

- Estoy preocupada por Austin – dijo. Fruncí el ceño.

- ¿En que sentido?.

- En todos los sentidos.

- ¿Por qué?

- Mi hermano es el Diablo, ______(tn). Jamás ha conocido lo que es el amor, jamás se ha preocupado por alguien que no sea él. Bueno tal vez si, cuando nací yo. Pero a lo que me refiero es que nunca lo había visto tan perturbado – me dijo.

- ¿Quieres decir que él tal vez este mal por mi culpa? – le pregunte.

- No, no por tu culpa – dijo y se acercó un poco más a mí para bajar la voz – Creo que has despertado algo dentro de él. Algo que desconoce y por lo cual esta confundido.

- ¿Qué tengo que hacer?

- Sabes que ha hecho un pacto con el Creador, ¿verdad? – me dijo.

- Si, lo se. Y es una locura.

- También lo creo. Pero _____, eres la única que puede despertar eso bueno que Austin tiene dentro.

- ¿Cómo lo hago? – Dije

- Arriésgate. Al diablo con las reglas de Dios, _____(tn). Él mismo creo las reglas del amor, y si él mismo las prohíbe se está contradiciendo – me dijo.

- ¿Qué debo hacer?

- Lo que sientes. Cuando lo tengas al frente y creas que es hora de despertar lo bueno dentro de él, haz lo que te diga tu corazón – dijo y se puso de pie. Yo también lo hice – Ahora debo irme, ya es hora para Clara Ames.

- ¿Qué? – dije sin poder creerlo.

- Esa niña esta sufriendo, _____(tn). Debo llevármela – me dijo.

- Austin no tiene que ver en esto ¿Verdad? – le pregunte.

- Para nada. Austin no se interpone en las muertes. Solo yo y Dios – dijo.
Asentí levemente. Sabía todo lo que David iba a sufrir por esto.

- ¿Será rápido? – le dije. Se giro a verme.

- No sentirá nada – me dijo.

- Gracias Rachel – dije. Sonrió levemente.

- Es un secreto – susurró.

- ¿Qué cosa? – le pregunte.

- Austin nunca tuvo debilidades, pero ahora si tiene una – me dijo.
La mire extrañada.

- ¿Cuál?

- Tú.
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Holi chicas hermosas, a qui esta el capitulo, espero que les guste, gracias or su comentarios :3 me alegran el día bueno me tengo que ir... Las Amo, comenten please.

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sábado, 8 de febrero de 2014

Capitulo 15 "El Diablo Más Bueno Que Pude Conocer"


Termine de colocarme rímel. Dentro de cinco minutos David llegaría y yo aun no estaba lista. Corrí deprisa a mi habitación a buscarme un tapado. La temperatura había cambiado bastante. Hacía frió, me mire por última vez al espejo y el portero sonó. Corrí a atenderlo.

- ¿Quién es? – pregunte.

- Soy David – me dijo.

- Ahí bajo – dije y colgué.

Tome mi cartera y mis llaves y salí del departamento. Sea había decido irse a vivir con Jared. A eso había venido ayer a casa. Dijo que habían hablado mucho que ya era hora de la convivencia. Jamás pensé que mi rubia amiga llegaría a tanto. Pero me alegro por ella. Pasamos una linda tarde de amigas juntas, ayer. Ella siempre me hace sentir mejor. Es una gran persona.

- ¡Hola! – me dijo cuando abrí la puerta. Sonreí levemente, y me acerque a él para saludarlo – Luces hermosa.

- Gracias – le dije divertida – Tú no te quedas atrás.

- ¿Vamos? – preguntó.

- Claro – dije y tome su brazo.

Pronto estuvimos en un lindo restaurante. Se acercó a mí y me ayudo a quitarme el abrigo y a sentarme. Sonreí levemente y le agradecí. Él se sentó frente a mí y pronto vino un mozo. Nos entrego el menú.

- ¿Qué quieres comer? – dijo.

- Mmmm, no lo se – dije sin dejar de mirar las cosas.

Una punzada comenzó a formarse en mi estomago. Era un dolor terrible. Solté la cartilla y tome mi panza con una mano. David me miró bien. Yo también lo hice. Se veía algo borroso.

- ¿______(tn)? ¿Estás bien? – me preguntó.

Asentí levemente. Algo se movía con fuerza dentro de mi panza y estaba haciendo estragos conmigo. Sin pensarlo mucho me puse de pie. David me miró bien.

- Voy al baño – le dije más que mareada.

- ¿Quieres que te acompañe? – me preguntó.

- No, no – le dije rápidamente – Solo pide por mi

Más que apurada me dirigí al baño. Para mi suerte no había nadie allí. Me acerque a uno de los retretes y me agache para vomitar. Abrí mi boca, porque la sensación de hacerlo me estaba matando, pero nada salió. Me puse de pie y me pare frente al espejo. Abrí la canilla y lave mi cara con agua fría. Otra vez las ganas de vomitar vinieron a mí, pero ya no podía girarme al retrete. Baje mi cabeza hacia el lava manos. Una mancha se formo en el espejo. Como si eso hubiera salido de mí. Pronto tomó forma.

- ¿Se puede saber que diantres haces aquí? – me preguntó. Lo mire bien.

- ¿Austin? – dije sin poder creerlo.

Estaba del otro lado del espejo. Lo mire detenidamente. Sus ojos no estaban mieles, sino que eran rojos. Rojos como el fuego. Mire su cuerpo. Estaba lastimado, golpeado, herido. Volví a sus ojos.

- ¿Qué… que te sucedió? – le pregunte aterrada.

- Tranquila, solo jugaba con mis hermanos – me dijo.

- ¿A eso le llamas jugar? ¿Dónde estás?

- En mi casa

- ¿Qué haces aquí?

- ¡Me voy por dos días! ¡Solo dos días! ¡Ya sales con ese imbécil! – me dijo enojado.

- ¡Tú te fuiste! ¡Y ahora me vienes a… a hacer una escena de celos! ¿Detrás de un espejo? ¿Qué es lo que quieres de mí? – le pregunte nerviosa.

Me miro fijo a los ojos. Su respiración era agitada. Al parecer estaba enojado por algo más. Mire su piel, estaba más roja de la normal. Parecía arder. Volví a sus ojos. Eran tan raros.

- ¿Por qué tienes los ojos rojos? – le pregunte.

- Cuando juego con mis hermanos, mis poderes se salen de control. Alterando el color de mis ojos y haciendo que mi piel queme – me contestó.

- ¿Y tu pacto con Dios? – dije al recordar eso.

- Al Diablo con ello, no tengo nada de bueno dentro – me dijo. Lo mire espantada.

- ¿Qué significa eso? ¿Tendrás que vivir por siempre y para siempre en el infierno?

- Así es, preciosa – me dijo. Negué con la cabeza efusivamente.

- No, no por favor – le dije desesperada. Me miró bien.

- ¿Por qué? – me preguntó.

- No, no puedes – dije mientras otra vez mis ojos se humedecían por él.

- ¿Por qué no puedo? ¿A quien diablos le puede importar el Diablo? – dijo lleno de resentimiento.

- A mí – le dije rápidamente – A mi me importas y mucho

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Perdon por tardar.!! :D Comenten please. 

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